Vender está infravalorado

Tengo un producto desarrollado, ¡Y está genial! Bien.. ¿y quién lo va a vender? ¿Vender? Sí, vender. Pero si esto se vende solo, ¡lo comparto en facebook y es un éxito mundial!

La de veces que he escuchado algo así. Y hace tiempo, #yoconfieso que también, en cierta medida, lo creía. Pero no funciona, al menos en el 99,9999% de los casos. Una vez escuché la frase de que nada, absolutamente nada, se vende solo. Hablando con unos y con otros, sobre todo en videojuegos, me llama la atención que temas como el networking, el marketing… no se consideran importantes, o incluso ni siquiera están contemplados. El otro día también leí que la mayoría de empresas no pasa de su segundo año, y que un porcentaje altísimo cae durante el primero. ¿Estará relacionado?

Si tu producto es malo, puedes invertir una cantidad exagerada en marketing, y que sea un fracaso. O que salga adelante. Si tu producto es bueno, hay mil millones de productos buenos. ¿Cómo vas a destacar sin invertir en marketing? Si tu producto es excepcional, nadie lo va a usar, poque hay mil millones buenos, muchos tan buenos como el tuyo y otros mil millones haciendo ruido. En definitiva, para cuando tu usuario potencial lo descubra, o bien ya te han copiado y lo han hecho mejor, o ya has quebrado. Así que, hay que vender….

Bueno… vender es muy fácil. Dedicas unos minutos a la nota de prensa, charlas con los amigos, se lo comentas a la familia…. en un día como mucho está todo. ¡A forrarse! Pero al día siguiente, a la semana, al mes, al año…. descubres que tus ventas tienden a cero. Nadie te ha hecho caso. ¡Y mira que lo habías contado bien! Pero no, tampoco funciona. Vender es una carrera de fondo, con una planificación, un análisis, una estrategia, un seguimiento…. y con muchas, muchas, muchas, muchas horas dedicadas. Y quizás es un trabajo que se valora poco, que se percibe como una pérdida de tiempo, que no se comprende el esfuerzo que lleva…. no sé. Cuando asisto a eventos para hacer contactos, a ferias… un familiar me suele preguntar que qué tal me lo he pasado. ¡Pero si estaba trabajando!

Si estás desarrollando, no estás vendiendo. Si estás vendiendo, no estás desarrollando. Al principio, solía asistir a cualquier sarao. Reuniones por aquí, reuniones por allá. Hice muchos contactos, de todo tipo, nunca se sabe. Algunos de ellos, dieron sus frutos en el futuro. Otros, los siguen dando. Otros, además, se han convertido en grandes colegas, gente a la que estimo mucho. Pero el esfuerzo era enorme, porque al llegar a casa, había que ponerse a producir (¡no se puede vender humo!) y muchas veces no daba abasto. Con el tiempo, he ido aprendiendo a filtrar reuniones, a intuir donde puede estar la oportunidad real, a rentabilizar ese tiempo de “networking“. Pero vender es muchísimo más que eso: emails, llamadas, internet, estar al día, estudios de mercado, qué hace la competencia, fidelización, gestión de la comunidad y de los medios, internet otra vez, trazar planes, pensarlos, ejecutarlos, vender a puerta fría…

Muchas empresas no se pueden permitir tener a alguien dedicado a estos temas en las primeras etapas. Así que hay que saber combinar los tiempos (nada fácil) y hacer ese trabajo. O poner velas para que el producto triunfe como quién no quiere la cosa… En resumen, vender está infravalorado…

Validando (y vendiendo) una idea

El otro día leí un artículo en el que el autor hablaba sobre validar la idea, un punto importante para todo emprendedor. ¿El producto sirve para algo? ¿Lo usaría la gente? ¿por qué? Me pareció un gran post, y estoy muy de acuerdo con él.

¿Cómo validar la idea? Uno mismo tiende a no ser muy objetivo, entre otras cosas porque para mí algo sí puede ser muy útil, pero no para la gran mayoría de la gente. Lo primero es tomar opiniones del entorno cercano, e ir abriendo el abanico poco a poco. En mi caso, nunca he sido profeta en mi tierra (mi entorno está más cerca del 0.1 que del 2.0), pero aún así es muy enriquecedor recibir feedback de todo tipo. Uno de mis proyectos, no se entendía. Sin embargo, en gente más relacionada con internet, sí generaba mucho interés. Y tras “vender” la idea, llega el punto más conflictivo, vender el producto y llevar una ejecución impecable. Otra de las frases que más se escucha es que la idea quizás es lo menos importante, y hay infinidad de ejemplos sobre ello. Ideas muy buenas se han quedado en el camino, fracasando o no llegando donde deberían haber llegado, y otras ideas más “normalitas” generan muchos millones y son startups de éxito. Y en esa ocasión, falló toda esa parte.

Vender, no se vende sólo nada. El fallo más común tiende a ser pensar que tenemos una gran idea, un gran producto que revolucionará el mercado y que, por tanto, se transmitirá por el boca a boca haciéndonos todo el trabajo. Sacaremos el producto, y veremos cómo no se vende por arte de magia. En alguna charla escuché a un experto comentar que, por estadística, un producto similar a otro debe ser 10 veces mejor que el existente, para “convencer” al usuario de que deje de usar lo que ha usado siempre. Si no hay referentes, la cosa puede estar algo más fácil, pero de igual modo se requiere una inversión en marketing muy grande (en tiempo, con una persona dedicada a ello y/o dinero en campañas) para convertirse en algo muy “potente“. Y siempre hay excepciones, pero de forma muy posible, no seremos la excepción.