Basar o no basar el plan de negocio en el equipo

De todas las cosas que se consideran importantes para crear una compañía exitosa, el equipo es el factor más vital. La ejecución va a depender del equipo, y la consecución del plan de empresa va a depender de la ejecución, así que cumplir con lo planteado en el plan va a depender del equipo.

Revisando varias versiones de mi plan de negocio, me he dado cuenta de la dependencia del plan de producción (y por tanto de las cuentas) respecto del equipo. El hecho de emprender en solitario (debido a no encontrar socios) ha propiciado que tenga cierta flexibilidad a la hora de plantear el foco, debido a que siempre me he ido adaptando a las posibilidades que he ido encontrando por el camino. Es decir, que el plan ha ido variando en función de las personas que he ido encontrando, adaptándome a sus capacidades y experiencia. ¿Error? Claramente, considero que sí. Sobre todo a nivel estratégico, donde tanta variabilidad hace menguar el valor competitivo. Las versiones del plan apenas tienen parecido, dando la sensación de ser empresas diferentes, donde el rumbo no está bien definido, pues depende del equipo por conformar. En definitiva, un mal planteamiento.

¿Alternativas? Cuando elaboras un plan de negocio, lo primero que haces en pensar en el tipo de empresa que vas a crear, en el mercado al que te vas a dirigir, en los ingresos y gastos que vas a tener… y las personas que te hacen falta para llevar a cabo la idea, teniendo identificados los perfiles necesarios. Pero… ¿qué pasa si no encuentras el perfil buscado? ¿Esperar y esperar hasta encontrarlo o adaptarte a otro perfil, si la actitud de éste es propicia y el negocio sigue siendo viable? En esas siempre he estado… aunque ya voy teniendo muy clara la primera opción…

Adaptabilidad: reinventarse o morir

El otro día vía streaming escuche una reflexión acerca de la flexibilidad que debe tener una empresa y, por tanto, el emprendedor que esté detrás. Es un consejo muy escuchado, “adaptarse a los cambios, a las oportunidades, a las dificultades“. Y también forma parte de las lecciones aprendidas.

Una idea o un negocio, puede estar bien pensado, ser bueno. Pero por muchos motivos, puede que no cuaje. ¿Qué hacer entonces? ¿Seguir insistiendo? ¿Reinventarse y enfocarse a algo más inmediato o productivo? En otro post reflexionaba sobre los pros y contras de centrarse en producto o servicio. En mi caso, mi idea inicial estaba muy enfilada a producto, viendo más tarde la posibilidad de abordar, de forma tímida, proyectos de terceros. Más tarde aún, la empresa se reorientaba fuertemente a servicios. Y dentro de los servicios, a aquellos más potenciales. El plan de negocio, aún si se estima con mucho realismo y negatividad, tiende a quedarse incluso por debajo de lo planeado o simplemente puede que no funcione. Así que hay que agudizar los sentidos y estar siempre preparado para tomar decisiones sobre la marcha, adaptándose a las necesidades, a los nuevos mercados que puedan surgir… En nuestro caso, por ejemplo, el marketing digital / móvil orientado a videojuegos (y aplicaciones) está resultando ser fuente de muchas propuestas, vía de negocio que a priori no contemplaba.

Y, analizando, sin esa adaptabilidad y evolución contínua, hubiera sido imposible. Muchas empresas han muerto por no saber adaptarse, por agarrarse a un clavo ardiendo o esperando alguna fuente milagrosa que haga funcionar lo que no funciona, siendo aplicable a todo sector y extrapolable también a industrias como la discográfica.