El misterioso caso del mmorpg

A principios de mes, comentaba en qué falló en lo nuestro que una idea no vale mucho por sí misma, contando más bien el hecho de (cómo) llevarla a cabo. En muchos foros, por comentarios de conocidos… se suele oír que se tiene una idea genial, que por lo general suele ser bastante “laboriosa” de materializar. El caso es que el inventor de esa idea cree que será un gran proyecto, que renovará lo que hay en el mercado y generará muchos ingresos que repartirá entre aquellos que colaboren en tan tremendo juegazo. Además, creará una de las mejores empresas del país, con proyección internacional y éxito asegurado.

Pero el punto “conflictivo” viene cuando observas que tiene poca experiencia (o incluso ninguna) en el sector, que va a dedicar sólo el tiempo libre (a lo sumo), que no cuenta con más recursos que un hosting (en algunos casos, gratuito), que tiene algún programador también a tiempo más que parcial…. En otras palabras, cuando ves que sólo es una efímera ilusión. No obstante, el “emprendedor” consigue los primeros colaboradores y se comienzan a hacer cosillas. Pero el proyecto necesita muchas horas, mucha planificación, muchas personas, mucho sacrificio… y no parece ser cosa de dos días como se había pensando en un principio. Y el tiempo pasa, los avances cada vez son menores.. y tras varios meses el equipo se da cuenta de que el proyecto no marcha, que aparte de las magias, está todo por hacer. ¡Con lo bien que pintaba! Una lástima, pero el juego se cancela… y queda en el olvido… con poco más que unos bocetos.

En el caso del mmorpg es especialmente llamativo, pero no hace falta que el proyecto sea un juego, ni tan siquiera que sea un mega proyecto. Soñar está bien, pensar en grande, también; pero hay que tener los pies en el suelo, analizar los recursos (materiales, temporales, personales…) que se tienen, estudiar lo que implica, lo que estamos dispuestos a aportar (de verdad) y hacer algo en coherencia. Idear un proyecto revolucionario no sirve de nada si no se puede llevar a cabo, por el motivo que sea. Y cuanto más pasan los años (y los proyectos), más cuenta me doy de ello.

Validando (y vendiendo) una idea

El otro día leí un artículo en el que el autor hablaba sobre validar la idea, un punto importante para todo emprendedor. ¿El producto sirve para algo? ¿Lo usaría la gente? ¿por qué? Me pareció un gran post, y estoy muy de acuerdo con él.

¿Cómo validar la idea? Uno mismo tiende a no ser muy objetivo, entre otras cosas porque para mí algo sí puede ser muy útil, pero no para la gran mayoría de la gente. Lo primero es tomar opiniones del entorno cercano, e ir abriendo el abanico poco a poco. En mi caso, nunca he sido profeta en mi tierra (mi entorno está más cerca del 0.1 que del 2.0), pero aún así es muy enriquecedor recibir feedback de todo tipo. Uno de mis proyectos, no se entendía. Sin embargo, en gente más relacionada con internet, sí generaba mucho interés. Y tras “vender” la idea, llega el punto más conflictivo, vender el producto y llevar una ejecución impecable. Otra de las frases que más se escucha es que la idea quizás es lo menos importante, y hay infinidad de ejemplos sobre ello. Ideas muy buenas se han quedado en el camino, fracasando o no llegando donde deberían haber llegado, y otras ideas más “normalitas” generan muchos millones y son startups de éxito. Y en esa ocasión, falló toda esa parte.

Vender, no se vende sólo nada. El fallo más común tiende a ser pensar que tenemos una gran idea, un gran producto que revolucionará el mercado y que, por tanto, se transmitirá por el boca a boca haciéndonos todo el trabajo. Sacaremos el producto, y veremos cómo no se vende por arte de magia. En alguna charla escuché a un experto comentar que, por estadística, un producto similar a otro debe ser 10 veces mejor que el existente, para “convencer” al usuario de que deje de usar lo que ha usado siempre. Si no hay referentes, la cosa puede estar algo más fácil, pero de igual modo se requiere una inversión en marketing muy grande (en tiempo, con una persona dedicada a ello y/o dinero en campañas) para convertirse en algo muy “potente“. Y siempre hay excepciones, pero de forma muy posible, no seremos la excepción.