¿Y el estafador soy yo?

Hará algunos meses, o quizás semanas, en twitter se puso el grito en el cielo porque Zara había llevado la facturación de su tienda online a Irlanda, donde el impuesto de sociedades es del 12,5%, además de otros beneficios fiscales.  De forma reciente, un empresario famoso ha publicado un libro sobre las miserias de Google, sobre cómo también factura en Irlanda para servicios que ofrece aquí.  En general, la opinión es que Google y Zara, entre otros, son unos estafadores, que se aprovechan del mercado de aquí, pero no quieren pasar por el aro.

La hacienda española se lleva el 35% de los beneficios anuales de una empresa. Además, como empresario, si eres trabajador en tu propia compañía (o administrador, aunque no trabajes, lo hagas a tiempo parcial o trabajes en otra empresa por cuenta ajena), estás obligado a ser autónomo (mínimo de 255 euros al mes, con una rebaja para los dos primeros años si eres menor de 30) y si cobras un sueldo, éste tributa entre un 28% y un 34% si tienes un salario un poco más alto de mileurista. Por si fuera poco, si a final del ejercicio la empresa reparte beneficios, debe tributar la empresa y tú también, siendo en total alrededor de otro 30% (algo más, de hecho). Es decir, te dejas la piel en tu empresa, intentando crear riqueza, empleo, valor… y Hacienda se lleva en tres partes, más de un 90%.  ¿Y el estafador soy yo? ¿No se quedarían y crearían más empresas si no se pusieran tantas pegas? Y al margen de impuestos, cualquier trámite empresarial, es una auténtica odisea…

Hoy he leído este post, sobre cómo crear una empresa en Inglaterra, donde las diferencias con España son notables, sobre todo si estás empezando o las cosas no acaban de irte bien como para asumir el coste que tiene tener una SL aquí. Apple factura las ventas de su App Store también en Irlanda. Lo mismo que muchas otras empresas. Y yo me lo estoy planteando, moviendo ya ciertos hilos para ver la viabilidad y la operativa… La verdad es que es algo que llevaba un tiempo pensando, pero por unas cosas y por otras, buscando más alternativas, lo tenía un poco apartado. Veremos qué pasa…

Socios

Uno de los propósitos que arrastro desde hace varios años es el encontrar socios con los que seguir emprendiendo en el campo de los videojuegos. En internet, desistí con un par de proyectos, pero por casualidad o causalidad encontré (o me encontraron) unos compañeros de viaje con los que emprendí otro proyecto, Goormeet.

Encajar con otras personas no es nada fácil. Más allá de las aptitudes profesionales, que también son importantes, pueden existir conflictos entre la forma de llevar las cosas a cabo. Cómo entender el negocio, en qué poner el foco, qué tipo de empresa quieres ser, cuáles van a ser tus prioridades…. son muchos los factores en los que los socios pueden chocar. Y no considero que el choque sea malo, de hecho la diversidad de opiniones en un consejo de administración es algo que aporta muchísimo valor a la empresa y a la toma de decisiones, pero muchas veces ese choque se produce por cuestiones de base. Misión, visión y valores deben coincidir; si no, es que no se está compartiendo el mismo proyecto, y merece la pena que cada uno siga su propio camino. Intentar encajar por encajar, acaba terminando mal. A lo mejor el socio pone de su parte para adaptarse, pero no lo está haciendo convencido, y se nota que, por sus acciones, no está alineado contigo. Y, de igual modo, hay que cortar.

Se dice por ahí que un socio tiene que enamorarte. Y tú a él. Y en esa relación, además hay que tener la misma visión, creyendo firmemente en ella. Aplicándola. Funcionando como un equipo de remo. Así que, en videojuegos, todavía tengo la ilusión de encontrar un par de socios… a ver si este año. ;)

Vender está infravalorado

Tengo un producto desarrollado, ¡Y está genial! Bien.. ¿y quién lo va a vender? ¿Vender? Sí, vender. Pero si esto se vende solo, ¡lo comparto en facebook y es un éxito mundial!

La de veces que he escuchado algo así. Y hace tiempo, #yoconfieso que también, en cierta medida, lo creía. Pero no funciona, al menos en el 99,9999% de los casos. Una vez escuché la frase de que nada, absolutamente nada, se vende solo. Hablando con unos y con otros, sobre todo en videojuegos, me llama la atención que temas como el networking, el marketing… no se consideran importantes, o incluso ni siquiera están contemplados. El otro día también leí que la mayoría de empresas no pasa de su segundo año, y que un porcentaje altísimo cae durante el primero. ¿Estará relacionado?

Si tu producto es malo, puedes invertir una cantidad exagerada en marketing, y que sea un fracaso. O que salga adelante. Si tu producto es bueno, hay mil millones de productos buenos. ¿Cómo vas a destacar sin invertir en marketing? Si tu producto es excepcional, nadie lo va a usar, poque hay mil millones buenos, muchos tan buenos como el tuyo y otros mil millones haciendo ruido. En definitiva, para cuando tu usuario potencial lo descubra, o bien ya te han copiado y lo han hecho mejor, o ya has quebrado. Así que, hay que vender….

Bueno… vender es muy fácil. Dedicas unos minutos a la nota de prensa, charlas con los amigos, se lo comentas a la familia…. en un día como mucho está todo. ¡A forrarse! Pero al día siguiente, a la semana, al mes, al año…. descubres que tus ventas tienden a cero. Nadie te ha hecho caso. ¡Y mira que lo habías contado bien! Pero no, tampoco funciona. Vender es una carrera de fondo, con una planificación, un análisis, una estrategia, un seguimiento…. y con muchas, muchas, muchas, muchas horas dedicadas. Y quizás es un trabajo que se valora poco, que se percibe como una pérdida de tiempo, que no se comprende el esfuerzo que lleva…. no sé. Cuando asisto a eventos para hacer contactos, a ferias… un familiar me suele preguntar que qué tal me lo he pasado. ¡Pero si estaba trabajando!

Si estás desarrollando, no estás vendiendo. Si estás vendiendo, no estás desarrollando. Al principio, solía asistir a cualquier sarao. Reuniones por aquí, reuniones por allá. Hice muchos contactos, de todo tipo, nunca se sabe. Algunos de ellos, dieron sus frutos en el futuro. Otros, los siguen dando. Otros, además, se han convertido en grandes colegas, gente a la que estimo mucho. Pero el esfuerzo era enorme, porque al llegar a casa, había que ponerse a producir (¡no se puede vender humo!) y muchas veces no daba abasto. Con el tiempo, he ido aprendiendo a filtrar reuniones, a intuir donde puede estar la oportunidad real, a rentabilizar ese tiempo de “networking“. Pero vender es muchísimo más que eso: emails, llamadas, internet, estar al día, estudios de mercado, qué hace la competencia, fidelización, gestión de la comunidad y de los medios, internet otra vez, trazar planes, pensarlos, ejecutarlos, vender a puerta fría…

Muchas empresas no se pueden permitir tener a alguien dedicado a estos temas en las primeras etapas. Así que hay que saber combinar los tiempos (nada fácil) y hacer ese trabajo. O poner velas para que el producto triunfe como quién no quiere la cosa… En resumen, vender está infravalorado…

La cadena de valor

Muchos meses atrás, reflexionando sobre temas de gestión empresarial y posicionamiento estratégico, un colega me preguntó sobre la cadena de valor. Yo algo había oído, pero no supe bien qué responderle, sobre todo cuando hacía referencia al caso concreto de la compañía que intentaba modelar. Según la wikipedia,

La cadena de valor empresarial, o cadena de valor, es un modelo teórico que permite describir el desarrollo de las actividades de una organización empresarial generando valor al cliente final.

Su objetivo último es maximizar la creación de valor mientras se minimizan los costos. De lo que se trata es de crear valor para el cliente…

La cadena de valor ayuda a determinar las actividades o competencias distintivas que permiten generar una ventaja competitiva.

Si el objetivo es crear valor para el cliente (usuario), el cliente notará el resultado de esa cadena de valor. Es decir, cuando tenga que elegir entre una marca u otra, sabrá que marca le está ofreciendo una mejor experiencia, e irá a comprarla. Y de forma más que posible, no sabrá qué prodecimientos o pautas se han seguido para fabricar el producto, pero sí lo nota en el resultado. Los productos chinos, fabricados en masa sin apenas control, se venden. Pero todo el mundo los identifica como productos de una calidad muy limitada, que cubren funciones puntuales. Si lo comparamos con otro producto igual, pero de una marca reconocida, solemos decir que se nota que está hecho “con mimo“, que el producto está muy cuidado. Aquello que aporta valor es aquello que se hace siguiendo una serie de pautas, de mecanismos… una metodología. Y se engloba dentro de la filosofía de cada empresa. En una conferencia escuché que cierta marca de juguetes diseña prototipos y los regala a escuelas, padres… de los que reciben feedback para hacer productos mejores, y luego sacarlos al mercado. Respecto de los juguetes chinos, que apenas pasan el criterio de calidad de la UE (aquellos que los pasan), ¿quién está generando más valor en su producto? Más allá de la calidad, también puede notarse en los diseños, en la orientación, en el valor añadido..

En definitiva, se trata de que tu producto tenga cosas que el resto de tu competencia no tenga. Cada empresa tiene su propia cadena de valor, así que dependiendo de cómo sea esta, el resultado final será diferente (y no sólo de cara al producto, sino también a la imagen que la empresa extrapola de puertas para fuera). En una revista, hace tiempo, leí que un publisher de videojuegos invertía millones en hacer que sus juegos tuvieran componentes que le diferenciaran del resto y lo expresaba con la siguiente frase: “y si para ello tenemos que irnos al Pacífico a grabar el sonido de las olas, allá vamos.“. Como es evidente, esa decisión no la tomó un designer una mañana porque sí, sino que forma parte de su cadena de producción, de una metodología de trabajo, y de una filosofía empresarial.

El alma de una empresa está en aquello que produce, en cómo lo produce… y en cómo lo vende. No sólo afecta a nivel externo: en esa cadena el valor también lo adquieren las personas que trabajan en ella, que la dan forma y la ejecutan. En el caso del juguete, un vendedor hará mejor su trabajo (vender) si ha vivido todo ese proceso de testeo con las padres, porque se lo ha reportado su equipo, o incluso porque él mismo ha tomado parte del proceso. Cuando salga a vender, sabrá dónde poner énfasis en su discurso, porque sabe el valor diferencial que tiene el producto que está vendiendo, habrá aprendido mucho más y será mejor profesional.

Ser rey o ser rico

Una de las grandes reflexiones que he aprendido a tener como emprendedor es la de “ser rey o ser rico“. Carlos Blanco lo utiliza mucho en sus presentaciones, y también lo comentó en un iniciador que ví hace no mucho. Encontrar los socios adecuados para ti y para cada negocio quizá sea el paso más complicado a la hora de montar una compañía. Además de rodearse de gente buena sobresaliente (tanto en su trabajo como en sus actitudes)  hay que compartir la visión empresarial: las metas, la ruta a seguir… Y una parte fundamental es identificar si la motivación es ser rey o ser rico. Yo, como Carlos, prefiero ser rico.

El fin primario de una empresa es ganar dinero. Con valores y principios, pero ganar dinero. Por lo tanto, la estrategia debe estar enfocada a ese fin, y los intereses de la empresa deben estar por encima a los intereses de los socios. Quien ha de ser famosa es la compañía, como entidad, y lo debe ser por haber generado negocio y buenos productos. Por consecuencia, en este estado, los socios adquieren cierta repercusión (medios, presentaciones…), pero ése no ha sido el objetivo de los mismos. En mi camino como emprendedor, me he encontrado con personas que tenían cierta obsesión con obtener protagonismo público y notorio, como si lo necesitasen para ganar un “chute” de autoestima. Por supuesto, a todo el mundo le gusta sentirse valorado y reconocido, pero yo no montaría un negocio con alguien que pensara en ello como principal motivo para emprender, porque de forma muy posible, tendrá su mente en él mismo y no en la empresa. Y un inversor, tampoco lo haría. Él no va a poner dinero para que un emprendedor trabaje en lo que le guste, se sienta realizado o se haga famoso, sino que lo va a poner para ganar 10 veces más de lo que invirtió, y si pueden ser 100, mejor que 50.

¿Y es incompatible ser rico con ser rey? En mi opinión, sí. Una vez eres rico, como consecuencia, puedes ser rey. O que debido a tu actividad, tengas que salir en medios, hacer branding personal… Pero como planteamiento base a la hora de montar una empresa, yo lo veo incompatible. Si quieres ser rey, tu mentalidad girará en torno a ti, y si quieres ser rico, tu mentalidad girará en torno al negocio y a los números, haciendo cada acción en función de aquello que es mejor para la compañía, aunque a ti no te de protagonismo.

 

La mala suerte

La mala suerte no existe, no. O al menos no es la culpable de que un negocio vaya bien o mal. A menudo son fallos propios los que dan pie a esa supuesta mala suerte, que nos sirve como excusa para explicar por qué no estamos donde, según habíamos pensado, deberíamos estar. Es posible que ante una ejecución igual, puedan variar los resultados, pero un emprendendor no puede dejar cabos sueltos y esperar que la fortuna se los resuelva. Si algo no se ha hecho bien, ¿no deberíamos entonar el mea culpa? Está de moda echar balones fuera y culpar de todos los males a terceros. La crisis, las herramientas, el entorno, los medios… o la simple pregunta de ¿quién lo iba a imaginar? Y todo eso se acaba resumiendo en un “hemos tenido mala suerte“.

Pero esa entidad, mala o buena, tiende a no existir. Si se hacen las cosas bien, y los buenos resultados siguen sin salir, quizá es que no estaban tan bien hechas, o podían mejorar bastante. O tal vez un poco, lo suficiente para haber marcado la diferencia entre la “buena suerte” y la “mala suerte“. Si de algo hay que quejarse es de uno mismo, porque un emprendedor debe preveer las cosas y resolver los posibles contratiempos antes de que pasen. Y no, no debe hacer las cosas justas, esperando que la “potra” le sonría, y a que la falta de proactividad la complemente “su destino“. El emprendedor no puede ser mediocre, conformarse, dar el visto bueno a la primera. Ha de ser tenaz, estar siempre pensando en cómo mejorar lo ya hecho, en cómo repasar una y otra vez esa tarea para que quede, no bien, sino perfecta. Y tampoco puede lamentarse. Ha de aprender de los errores, para no volver a cometerlos. Ha de sobreponerse, buscar soluciones, mejorar.

La mala suerte no existe, es la excusa de los mediocres.

Adaptabilidad: reinventarse o morir

El otro día vía streaming escuche una reflexión acerca de la flexibilidad que debe tener una empresa y, por tanto, el emprendedor que esté detrás. Es un consejo muy escuchado, “adaptarse a los cambios, a las oportunidades, a las dificultades“. Y también forma parte de las lecciones aprendidas.

Una idea o un negocio, puede estar bien pensado, ser bueno. Pero por muchos motivos, puede que no cuaje. ¿Qué hacer entonces? ¿Seguir insistiendo? ¿Reinventarse y enfocarse a algo más inmediato o productivo? En otro post reflexionaba sobre los pros y contras de centrarse en producto o servicio. En mi caso, mi idea inicial estaba muy enfilada a producto, viendo más tarde la posibilidad de abordar, de forma tímida, proyectos de terceros. Más tarde aún, la empresa se reorientaba fuertemente a servicios. Y dentro de los servicios, a aquellos más potenciales. El plan de negocio, aún si se estima con mucho realismo y negatividad, tiende a quedarse incluso por debajo de lo planeado o simplemente puede que no funcione. Así que hay que agudizar los sentidos y estar siempre preparado para tomar decisiones sobre la marcha, adaptándose a las necesidades, a los nuevos mercados que puedan surgir… En nuestro caso, por ejemplo, el marketing digital / móvil orientado a videojuegos (y aplicaciones) está resultando ser fuente de muchas propuestas, vía de negocio que a priori no contemplaba.

Y, analizando, sin esa adaptabilidad y evolución contínua, hubiera sido imposible. Muchas empresas han muerto por no saber adaptarse, por agarrarse a un clavo ardiendo o esperando alguna fuente milagrosa que haga funcionar lo que no funciona, siendo aplicable a todo sector y extrapolable también a industrias como la discográfica.

Encontrar socios, completar un equipo y otras tareas imposibles

Desde hace mucho, mucho tiempo… he tratado de encontrar socios de diferentes perfiles, de completar un equipo emprendedor sólido y comprometido. De hecho, es una asignatura pendiente, una “espina” que me está costando quitar. Emprender en solitario puede convertirse en un suicidio, sobre todo cuando no tienes capital y tu proyecto requiere de habilidades que tú no tienes. Así que no queda otra que trabajar en equipo, también por la robustez que eso puede llegar a dar (puntos de vista, opiniones especializadas, reparto de tareas…) Pero.. ¿con quién asociarse entonces?

Varios años atrás se daban situaciones insólitas. Gente que venía, volvía, se iba… y cuando es un hobbie, no importa demasiado (o sí, pero es menos drástico). Cuando tienes en mente una empresa, es desquiciante. Alguien se va en un momento crítico y… o, simplemente, el tiempo pasa sin que haga su trabajo. Durante este último año he aprendido mucho, quizás a “base de palos”, y poco a poco he ido afinando el criterio de confianza: en quién puedes confiar, en quién no, para qué sí, para qué no… y encontrar a alguien que comparta tu visión, tus ganas, tus inquietudes… es muy complicado. Trabajadores con contrato indefinido, los hay de mucho talento y aptitudes, pero emprendedores

¿Dónde buscar? En mi entorno cercano, imposible, no hay. En internet, las aproximaciones nunca dieron resultado, incluso publicando en sitios como comunidades temáticas, linkedin… El boca a boca, tampoco parece muy efectivo… y a través de contactos directos, poco (algo) se ha logrado. Hará alguna semana, una compañera empresaria me sugirió que buscara en las facultades. Todavía no he probado con ello, así que todo se andará (asaltemos bellas artes!). También he observado que determinados perfiles son más “voluntariosos” que otros: los programadores tienen más inquietud por emprender, pero los creativos o comerciales, tienen intereses más inmediatos, por lo general.

Y si es difícil completar el equipo con una persona… cuando tienes un esbozo y te hace faltan varias más, o al menos un par, la cosa ya tiende a infinito. No obstante, nunca se pierde la esperanza; seguiremos insistiendo.

Producto vs Servicio

El otro día leía en loogic una reflexión sobre orientarse a producto o a servicio, y en cómo esa orientación puede venir dada de la necesidad, de los primeros planes, de contrarestar con otros nuevos… Al iniciar un proyecto empresarial, un punto importante es definir dónde está el modelo de negocio, y si se basa en vender un producto o en ofrecer un servicio. Cada línea tiene sus ventajas, sus inconvenientes…

La orientación a producto es quizás más atractiva para las empresas, pues tienes ventajas muy importantes como mantener una IP o marca, de la que sacar beneficios posteriores, licencias… y dispones de una mayor capacidad creativa. Por contra, trabajar en un producto implica disponer de recursos económicos abundantes, pasando varios meses hasta que éste se pueda comercializar. Y si en algún momento, antes de sacar beneficio o si el producto acaba siendo un fracaso, esos recursos se acaban, como ha pasado en muchas ocasiones, el proyecto termina por morir.

Orientarse a servicios tiene un punto muy fuerte: financiación desde el primer cliente. Sin embargo, conseguirlo no es tarea fácil. Hay que moverse mucho, estar muy atento, hacer mucho networking, contactos, labor comercial, un portfolio… pero una vez tus primeros clientes estén satisfechos y poco a poco se vaya conociendo tu actividad, aumentando la reputación en el sector, asegurarás cierto flujo de caja mínimo. No obstante, en tiempos de crisis puedes sufrir mucho, pues si los clientes no tienen presupuesto para contratarte, al depender totalmente de ellos, estarás algo “vendido”.

Otras empresas, como Undead, optan por un modelo mixto. Y también tiene ciertas ventajas y, como no, sus pegas. Poner tu foco en servicios, desarrollando tus propios productos en paralelo, es una buena idea para financiarse. Pero puede que los servicios no te dejen mucho tiempo para desarrollar el producto, y que tu margen de beneficio no sea lo suficientemente alto como para contratar más gente y asegurar así un buen ritmo en el desarrollo del proyecto interno. Llegar a un equilibrio que te permita abarcar productos y servicios es un logro que puede dar mucho juego y en función de la evolución empresarial, puedes ir inclinándote hacia un lado u otro.

Tiempo completo, tiempo parcial

Si quieres tener una oportunidad, dedícate a full-time“. Este consejo es muy escuchado por emprendedores (empresarios) que han llegado muy alto y durante estos meses me he dado cuenta de la gran verdad que residía en él. Cuando se tiene un espíritu inquieto, una motivación especial por emprender, por crear nuevas cosas… se tiende a pensar en el lado cómodo, continuar con un trabajo por cuenta ajena y, en ratos libres, dedicarle algo de tiempo a ese “negocio”. En otros negocios puede que sí sea más compatible, pero en proyectos de internet orientados a ser una start up o empresa de base tecnológica enfocada a producto, creo que es una apuesta segura de fracaso. Y la aplicación web o proyecto puede que vaya bien, que tenga usuarios, que haya movimiento… incluso que genere algún ingreso con el que permitirse algún capricho o auto-empleo, pero nunca será un negocio empresarial.

Hace alrededor de un año y tres meses que dejé mi trabajo para emprender Undead, formalizada desde Abril del 2009 como empresa. Vamos dando pasos muy pequeños, pero me hubiera resultado imposible crear la compañía llegando a casa a las 7 de la tarde, en el mejor de los casos. Es más, si dedicándose en cuerpo y alma es muy difícil triunfar, a part-time es, cuanto menos, crearse castillos de arena. Como decía antes, al principio se suele ser muy optimista, trazar grandes planes, crearse muchas ilusiones… y confiar en que la cosa cuaje para vivir de ello. Pero el tiempo es limitado, las ganas se merman, todo se complica… y ese castillo termina por derrumbarse. A nivel personal y con otras personas, he participado en varios proyectos, que acabaron fracasando precisamente por este motivo. Para el futuro, otra lección ya constatada es que no participaré en ningúna propuesta en el que los promotores no se comprometan a desvivirse por el proyecto. (Otro día hablaré del pacto de socios).

Como otras visiones más de por qué si se quiere tener una oportunidad hay que apostar por ello con todo tu tiempo,

  • Desarrollar un buen producto en horas libres, es complicado. Los competidores tienen muchos recursos, se dedican a ello… y lo que tú tardarías 5 meses en implementar, ellos lo tienen en unas semanas. ¿Cómo vas a competir con ello?
  • Reuniones, eventos, estudiar la competencia, analizar el rumbo… no sólo es la técnica. Tiempo, tiempo, tiempo… y mucho en horario laboral.
  • Estar centrado es muy importante. Por mucha disciplina que adquieras y seas constante, entre tu trabajo, tu familia… es muy probable que lo acabes dejando de lado.
  • Si necesitas inversión, por descontado que tendrás que tirar con recursos propios y las FFF (aunque sea para que te paguen las facturas que tú no puedes pagar). Pero de forma muy posible, te haga falta más, y no convencerás a ningún inversor si todo tu equipo (y tú el primero) no está volcado. (También doy fe personal)

Otras opiniones acerca de todo esto, François Derbaix, Fernando Encinar, Jesús Encinar, Rodolfo Carpintier. Y, por supuesto, muchas más opiniones que buscando un poco por la red o leyendo blogs de empresarios / inversores / emprendedores se pueden encontrar.