La desdicha de la multitarea

Programo, diseño, gestiono, administro, maqueto, configuro, analizo, presupuesto, estimo, valoro, dirigo, pienso, planeo, vuelvo a programar, vendo… Desde que comencé la aventura empresarial y cada vez más, mi lista de tareas diarias, a parte de estar bien llena, tiende a ser muy variopinta. Aunque intento ser lo más organizado posible, hay un sinfín de cosas que poco tienen que ver las unas con las otras, así que la multitarea se convierte en algo común cada día, resultando muchos de ellos, agotadores. Requiere tener muchas cosas en la cabeza de forma simultánea (y apuntarlas para que no se pasen por alto), ir estableciendo prioridades, ser metódico… mucha concentración. Aún así, siempre van quedando cosas en el tintero  (no dar abasto) y es algo que sólo se puede ir solucionado con socios (delegar, repartir carga) y/o muchos ingresos (para sufragar los gastos de ese personal o roles que faltan).

El punto positivo es que a base de “pegarte” con cosas que en muchos casos no dominas, aprendes de forma constante y variada, siendo una experiencia enriquecedora. Pero…

Una carrera de fondo

El triunfo empresarial no llega en un instante. Ni en días, ni posiblemente, en meses o años. Emprender es una carrera de fondo. Y vas consiguiendo pequeñas cosas, superando metas cercanas, pero “la meta” todavía está ahí, esperando, impasible. Por cada puerta que se abre, otras muchas se cierran, algunos apoyos vienen, pero otros muchos se van y el éxito parece resistirse. La financiación aprieta, los recursos escasean… y todavía te queda camino, muchos kilómetros por recorrer. Sigues saltando obstáculos, vallas, charcos… incluso te paras, alzas la vista y optas por tomar otra ruta. Pero continúas incansable, con la tenacidad de los triunfadores. Cada vez que tropiezas, tomas aliento y te levantas con una fuerza mayor, con una lección aprendida. Soportas la lluvia, el mal tiempo, el calor… y todo lo que pueda venir, sin dejar de moverte, sin dejar a avanzar. Resistes, sigues ahí, corriendo. Vuelves a alzar la vista y, esta vez, te das cuenta de que lo has conseguido: la meta está justo enfrente, es para ti. Pero no te conformas, y vuelves a correr…