Experiencia de usuario
Si hay algo que puede resumir una buena o mala impresión de un producto, es la “experiencia de usuario“, (User Xperience ó UX). El término parece estar muy de moda, y es un concepto muy amplio, pero se traduce en ponérselo muy fácil, en todos los sentidos, al usuario. Que sea el aunténtico protagonista, que tenga el control, que sepa todo cuánto está haciendo sin volverse loco… Que cuando termine de usarlo, tenga una sonrisa en la cara, esté feliz.
Convertir al usuario en el rey, puede suponer la ventaja abismal entre un producto y otro, a pesar de que el menos usable tenga más funcionalidad y sea más potente. Pero si la gente no sabe usarlo, o le supone un “trauma“, no contará con una aceptación comparable al que, con menos capacidad, es una gozada de manejo. Y esto es aplicable a muchos ámbitos, incluso a una empresa de servicios, convirtiendo la experiencia de usuario en “experiencia de cliente“. Y un usuario / cliente enamorado puede ser el mejor marketing para una marca (los fanboys de Apple, por ejemplo).
Sin embargo, hay infinidad de casos en que es un auténtico suplicio tener esa buena experiencia, rozando en muchos casos lo ilógico. Hace alguna semana entré en una web para comprar unas entradas, que solicitaba el registro. ¿Registro para comprar, una vez puntual? ¿Al menos que sea opcional, no? Después de todo ello, una ventana detrás de otra, más datos… la página “peta” y he de rellenar el formulario de nuevo, funcionando finalmente, pero tras perder mucho tiempo y con un “mosqueo” importante. Si no hubiese sido “vital” a nivel personal, hubiera desistido. Y el otro día, misma intención en otra página, pero sin resultado eficaz ni eficiente, por un proceso de pago traumático. Resultado: no hay compra.
Hará una semana, Orange me dejó 6 días sin teléfono. Hicieron la portabilidad puntuales, pero se equivocaron con el envío (pérdida de contratos). Mil llamadas a mil números, donde nadie solucionó nada. A base de insistir, por fin llega, pero sólo con una copia del contrato (fotocopias!). La sensación de “chapuza” tiende a infinito.
Como usuario, otra cosa que me llama la atención, es los botones en los smartphones táctiles. Si un dispositivo es táctil, más de un botón (que no sea teclado querty, que puede resultar más cómodo o el silenciador) sobra; se supone que toda la gestión del interfaz (como volver atrás, sacar las búsquedas…) debe ser a través de la pantalla.
Por lo que voy observando, parece que cada vez más se va contando con profesionales dedicados a estudiar la UX, al menos en startups de internet. E incluso he conocido alguna empresa dedicada a ofrecer servicios de consultoría en este campo. Aka puede ser una especialidad de futuro…