Unfuddle, potencia y sencillez en gestión de proyectos

A estas alturas ya es sabido que tengo cierta obsesión por los gestores de proyectos. Para mí es una herramienta muy útil para organizar el trabajo, tanto en equipo como en solitario. He probado muchos programas de este tipo, online, instalados…. y desde hace unas semanas le tocó el turno a Unfuddle, tras la recomendación de César Sáiz.

Unfuddle me ha sorprendido mucho. Es bastante potente en cuanto a los datos que se pueden controlar, pero tiene un interfaz amigable y donde no se lían las cosas. De forma corriente, suele suceder que a más funcionalidades o refinamiento, más caótico es el manejo / disposición de los elementos en pantalla, así que unfuddle sin duda combina un excelente equilibrio en ese aspecto. Los tickets están bien organizados, tienes filtros, un dashboard… y es, en verdad, muy cómodo de manejar.

La estructura organizativa me parece de igual modo interesante, y lógica, aspecto en el que también pecan muchos gestores, por defecto o por exceso. Aquí tenemos N proyectos, a los que irán asociados M milestones o hitos. Cada hito, puede tener asociadas T tareas. Cada tarea, tiene una serie de datos, como la fecha de finalización, el tipo de tarea, prioridad, usuario asignado… Además, se pueden crear nuevos campos, así como definir sus valores. Y cada tarea, tiene asociado un estado (nuevo, aceptado, resuelto y cerrado) y es modificable y comentable, teniendo la posibilidad incluso de enlazar con otras tareas.

Más detalles que interesan,

  • El repositorio. De forma paralela al sistema de tickets, existe la posiblidad de utilizar el gestor de versiones, basado en subversion o en git. Por este último me ha dado, por innovar…
  • Mensajes. Para utilizar a modo de foro, por ejemplo…
  • Notas. Para tener controladas notas… datos a controlar en el futuro, datos de acceso…. como un sistema de notas de escritorio.
  • Gestión del tiempo: aunque no está controlado en la versión gratuita, se pueden asignar horas a tareas, para luego ver informes.

Y algunas cosas que mejoraría,

  • Las tareas llevan su propia fecha de finalización, pero es independiente de la fecha de finalización del hito. Así que si mueves tareas a otro hito, o si el hito en general lo aplazas, tienes que cambiar una a una la fecha de la tarea…
  • La sincronización con Google Calendar podría ser mucho más automática… exportar / importar ficheros es algo rústico…

En general, un excelente gestor. De las cosas malas está que la versión gratuita sólo es accesible por dos usuarios, aunque en comparación con otros servicios similares en la nube los planes no son demasiado caros. Desde luego por aquí, caerá una buena temporada de uso…

Vender está infravalorado

Tengo un producto desarrollado, ¡Y está genial! Bien.. ¿y quién lo va a vender? ¿Vender? Sí, vender. Pero si esto se vende solo, ¡lo comparto en facebook y es un éxito mundial!

La de veces que he escuchado algo así. Y hace tiempo, #yoconfieso que también, en cierta medida, lo creía. Pero no funciona, al menos en el 99,9999% de los casos. Una vez escuché la frase de que nada, absolutamente nada, se vende solo. Hablando con unos y con otros, sobre todo en videojuegos, me llama la atención que temas como el networking, el marketing… no se consideran importantes, o incluso ni siquiera están contemplados. El otro día también leí que la mayoría de empresas no pasa de su segundo año, y que un porcentaje altísimo cae durante el primero. ¿Estará relacionado?

Si tu producto es malo, puedes invertir una cantidad exagerada en marketing, y que sea un fracaso. O que salga adelante. Si tu producto es bueno, hay mil millones de productos buenos. ¿Cómo vas a destacar sin invertir en marketing? Si tu producto es excepcional, nadie lo va a usar, poque hay mil millones buenos, muchos tan buenos como el tuyo y otros mil millones haciendo ruido. En definitiva, para cuando tu usuario potencial lo descubra, o bien ya te han copiado y lo han hecho mejor, o ya has quebrado. Así que, hay que vender….

Bueno… vender es muy fácil. Dedicas unos minutos a la nota de prensa, charlas con los amigos, se lo comentas a la familia…. en un día como mucho está todo. ¡A forrarse! Pero al día siguiente, a la semana, al mes, al año…. descubres que tus ventas tienden a cero. Nadie te ha hecho caso. ¡Y mira que lo habías contado bien! Pero no, tampoco funciona. Vender es una carrera de fondo, con una planificación, un análisis, una estrategia, un seguimiento…. y con muchas, muchas, muchas, muchas horas dedicadas. Y quizás es un trabajo que se valora poco, que se percibe como una pérdida de tiempo, que no se comprende el esfuerzo que lleva…. no sé. Cuando asisto a eventos para hacer contactos, a ferias… un familiar me suele preguntar que qué tal me lo he pasado. ¡Pero si estaba trabajando!

Si estás desarrollando, no estás vendiendo. Si estás vendiendo, no estás desarrollando. Al principio, solía asistir a cualquier sarao. Reuniones por aquí, reuniones por allá. Hice muchos contactos, de todo tipo, nunca se sabe. Algunos de ellos, dieron sus frutos en el futuro. Otros, los siguen dando. Otros, además, se han convertido en grandes colegas, gente a la que estimo mucho. Pero el esfuerzo era enorme, porque al llegar a casa, había que ponerse a producir (¡no se puede vender humo!) y muchas veces no daba abasto. Con el tiempo, he ido aprendiendo a filtrar reuniones, a intuir donde puede estar la oportunidad real, a rentabilizar ese tiempo de “networking“. Pero vender es muchísimo más que eso: emails, llamadas, internet, estar al día, estudios de mercado, qué hace la competencia, fidelización, gestión de la comunidad y de los medios, internet otra vez, trazar planes, pensarlos, ejecutarlos, vender a puerta fría…

Muchas empresas no se pueden permitir tener a alguien dedicado a estos temas en las primeras etapas. Así que hay que saber combinar los tiempos (nada fácil) y hacer ese trabajo. O poner velas para que el producto triunfe como quién no quiere la cosa… En resumen, vender está infravalorado…

Playlab 2: nueva experiencia

La semana pasada participé en la segunda edición de Playlab, una especie de “Jam” o taller enfocado a la creación de un videojuego, que tenía como tema “Interviniendo en los Sistemas % Economía Global“. Las “compos rápidas” suelen caracterizarse por tener temas muy abstractos, genéricos, difusos, abiertos o interpretables, de tal manera que hay que poner la imaginación y la creatividad a la máxima potencia, y en este caso, aunque se trataba más de un taller colaborativo que de una compo, el concepto podía dar también mucho de sí. Me incorporé a mitad de taller, para apoyar al grupo en el área de programación, pero mi charla inicial la orienté a tips relacionados con la organización, basándome un poco en las conclusiones sacadas en todas las jams en las que he participado. Fue muy curioso ver cómo estaban trabajando, descubrir aquello que iban teniendo en mente y aportar mi visión también a nivel de diseño y producción. Por la filosofía del taller, sólo sentamos las bases de un proyecto futuro, pero fue muy enriquecedor charlar sobre la crisis, la economía, la situación actual… en un marco colaborativo, reflexivo y practicamente sin hitos marcados.

El proyecto en sí, consistía en llevar a cabo acciones sociales, a partir de su gestión en una plataforma web, al estilo de un browser game. Un concepto de juego realmente interesante, tanto a nivel de jugabilidad como a nivel social, de cosas que se pueden hacer para “hackear” el sistema.

Por último, reseñar el cuido por parte de la organización y la calidad humana y técnica de los participantes y compañeros. Y muchas ganas de volver a San Sebastián…

 

La cadena de valor

Muchos meses atrás, reflexionando sobre temas de gestión empresarial y posicionamiento estratégico, un colega me preguntó sobre la cadena de valor. Yo algo había oído, pero no supe bien qué responderle, sobre todo cuando hacía referencia al caso concreto de la compañía que intentaba modelar. Según la wikipedia,

La cadena de valor empresarial, o cadena de valor, es un modelo teórico que permite describir el desarrollo de las actividades de una organización empresarial generando valor al cliente final.

Su objetivo último es maximizar la creación de valor mientras se minimizan los costos. De lo que se trata es de crear valor para el cliente…

La cadena de valor ayuda a determinar las actividades o competencias distintivas que permiten generar una ventaja competitiva.

Si el objetivo es crear valor para el cliente (usuario), el cliente notará el resultado de esa cadena de valor. Es decir, cuando tenga que elegir entre una marca u otra, sabrá que marca le está ofreciendo una mejor experiencia, e irá a comprarla. Y de forma más que posible, no sabrá qué prodecimientos o pautas se han seguido para fabricar el producto, pero sí lo nota en el resultado. Los productos chinos, fabricados en masa sin apenas control, se venden. Pero todo el mundo los identifica como productos de una calidad muy limitada, que cubren funciones puntuales. Si lo comparamos con otro producto igual, pero de una marca reconocida, solemos decir que se nota que está hecho “con mimo“, que el producto está muy cuidado. Aquello que aporta valor es aquello que se hace siguiendo una serie de pautas, de mecanismos… una metodología. Y se engloba dentro de la filosofía de cada empresa. En una conferencia escuché que cierta marca de juguetes diseña prototipos y los regala a escuelas, padres… de los que reciben feedback para hacer productos mejores, y luego sacarlos al mercado. Respecto de los juguetes chinos, que apenas pasan el criterio de calidad de la UE (aquellos que los pasan), ¿quién está generando más valor en su producto? Más allá de la calidad, también puede notarse en los diseños, en la orientación, en el valor añadido..

En definitiva, se trata de que tu producto tenga cosas que el resto de tu competencia no tenga. Cada empresa tiene su propia cadena de valor, así que dependiendo de cómo sea esta, el resultado final será diferente (y no sólo de cara al producto, sino también a la imagen que la empresa extrapola de puertas para fuera). En una revista, hace tiempo, leí que un publisher de videojuegos invertía millones en hacer que sus juegos tuvieran componentes que le diferenciaran del resto y lo expresaba con la siguiente frase: “y si para ello tenemos que irnos al Pacífico a grabar el sonido de las olas, allá vamos.“. Como es evidente, esa decisión no la tomó un designer una mañana porque sí, sino que forma parte de su cadena de producción, de una metodología de trabajo, y de una filosofía empresarial.

El alma de una empresa está en aquello que produce, en cómo lo produce… y en cómo lo vende. No sólo afecta a nivel externo: en esa cadena el valor también lo adquieren las personas que trabajan en ella, que la dan forma y la ejecutan. En el caso del juguete, un vendedor hará mejor su trabajo (vender) si ha vivido todo ese proceso de testeo con las padres, porque se lo ha reportado su equipo, o incluso porque él mismo ha tomado parte del proceso. Cuando salga a vender, sabrá dónde poner énfasis en su discurso, porque sabe el valor diferencial que tiene el producto que está vendiendo, habrá aprendido mucho más y será mejor profesional.

Esto no funciona

Cuántas veces nos hemos visto obligados a decir esta frase. Cuántas veces, por el contrario, tan sólo la hemos pensado. Y si la diferencia es grande…

Saber detectar errores es una tarea crucial. Al principio, eres un poco más torpe, más lento, pero con el tiempo comienzas a localizar posibles defectos de forma casi automática, observando por encima. Fijas la vista y sabes si algo va mal. Con el tiempo también, aprendes a decir “no“, a filtrar, a saber qué tienes que hacer, cómo lo tienes que hacer y cuándo lo tienes que hacer. Y aprendes a decir “esto no funciona“. Antes, tenías ese mismo pensamiento, pero no lo decías, esperabas a que algo cambiase. Dabas muchas oportunidades, confiabas en que eso que no funcionaba, comenzaría a funcionar, más temprano que tarde. Tenías fe, y retrasabas decirlo. Ahora tienes claro que si algo no funciona, tienes que cambiarlo. Analizas, valoras la situación y sabes que no merece la pena seguir invirtiendo en ello, pues intuyes que son fallos sistemáticos, de raíz. Los tienes acotados, definidos, y empiezas a esbozar soluciones. Lamentándote no consigues nada, así que pones toda tu mente a trabajar en ello, pensando cambios, modificaciones, alternativas. Y encuentras una solución. Es posible que no haya una solución perfecta, pero la irás refinando. O si te has equivocado otra vez, seguirás aprendiendo, y volverás a reemplazarla por otra mejor. Si esto no funciona, asúmelo, dilo en alto, comunícalo y busca soluciones; si esto no funciona, cámbialo.

Ser rey o ser rico

Una de las grandes reflexiones que he aprendido a tener como emprendedor es la de “ser rey o ser rico“. Carlos Blanco lo utiliza mucho en sus presentaciones, y también lo comentó en un iniciador que ví hace no mucho. Encontrar los socios adecuados para ti y para cada negocio quizá sea el paso más complicado a la hora de montar una compañía. Además de rodearse de gente buena sobresaliente (tanto en su trabajo como en sus actitudes)  hay que compartir la visión empresarial: las metas, la ruta a seguir… Y una parte fundamental es identificar si la motivación es ser rey o ser rico. Yo, como Carlos, prefiero ser rico.

El fin primario de una empresa es ganar dinero. Con valores y principios, pero ganar dinero. Por lo tanto, la estrategia debe estar enfocada a ese fin, y los intereses de la empresa deben estar por encima a los intereses de los socios. Quien ha de ser famosa es la compañía, como entidad, y lo debe ser por haber generado negocio y buenos productos. Por consecuencia, en este estado, los socios adquieren cierta repercusión (medios, presentaciones…), pero ése no ha sido el objetivo de los mismos. En mi camino como emprendedor, me he encontrado con personas que tenían cierta obsesión con obtener protagonismo público y notorio, como si lo necesitasen para ganar un “chute” de autoestima. Por supuesto, a todo el mundo le gusta sentirse valorado y reconocido, pero yo no montaría un negocio con alguien que pensara en ello como principal motivo para emprender, porque de forma muy posible, tendrá su mente en él mismo y no en la empresa. Y un inversor, tampoco lo haría. Él no va a poner dinero para que un emprendedor trabaje en lo que le guste, se sienta realizado o se haga famoso, sino que lo va a poner para ganar 10 veces más de lo que invirtió, y si pueden ser 100, mejor que 50.

¿Y es incompatible ser rico con ser rey? En mi opinión, sí. Una vez eres rico, como consecuencia, puedes ser rey. O que debido a tu actividad, tengas que salir en medios, hacer branding personal… Pero como planteamiento base a la hora de montar una empresa, yo lo veo incompatible. Si quieres ser rey, tu mentalidad girará en torno a ti, y si quieres ser rico, tu mentalidad girará en torno al negocio y a los números, haciendo cada acción en función de aquello que es mejor para la compañía, aunque a ti no te de protagonismo.

 

Xperia 8, de 1.6 a 2.3.5

Dicen que una vez que pruebas algo, no puedes parar. La iniciación con el HTC Desire me encantó, y ayer me puse a tocar un Xperia 8, que tengo por casa. La experiencia de usuario con la versión 1.6 de Android no puede ser más nefasta: control táctil insufrible, organización caótica… Cuando lo pruebas, casi te da la sensación de usar un Symbian actualizado. Así que manos a la obra…

Buscando aquí y allá, fui recopilando información (hay que ver lo que se echa de menos un tutorial con todos los pasos, sirva este post de repaso) y lo primero que había que hacer era actualizar a la 2.1 (aunque posiblemente pudiera funcionar el rooteo con la 1.6) mediante el software oficial de Sony-Ericsson (descargable desde su página). Como suele ser habitual, este tipo de software tiende a infumable malo, pero…

Con la 2.1 cargada (tal versión sigue siendo bastante parca) tocaba hacerse root. Para ello, había que instalar el programa superoneclick, conectar el teléfono al PC (sólo para carga, activando el modo debug por USB y con los drivers Android instalados) y darle al botón “root“. Después había que instalar el BusyBox y el xRecovery, transfieriendo varios archivos (reemplazándolos si existieran) según este tutorial (hasta el paso 6).

Por último, siguiendo los mismos pasos en el xRecovery que con el Desire (copiar la ROM a la tarjeta SD, limpiar datos y caché e instalar desde el zip copiado con la ROM), quedaría instalar la versión definitiva. Buscando en Google también se encuentran muchas, yo elegí GingerCyborg v005, con la 2.3.5 de Android y la verdad es que también parece funcionar de maravilla.

Ahora me queda probar en ambos dispositivos qué tal van las aplicaciones desarrolladas en Flex. En las versiones anteriores, entre los problemas con el espacio de la memoria interna y el rendimiento general de Adobe Air, se hacía prácticamente imposible hacer algo trabajado, que pudiera funcionar de forma fluida. A ver, a ver…

Actualizando a Gingerbread en el HTC Desire

Últimamente, mi HTC Desire dejaba mucho que desear en cuanto al manejo. La versión del fabricante / operador (2.2 con el Sense) tenía sus carencias, pero en las últimas semanas, entre los avisos constantes de la falta de espacio (y la imposibilidad de enviar muchas apps a la tarjeta SD), los cuelgues varios y los errores en las aplicaciones… se estaba haciendo insufrible. Así que decidí actualizar mediante ROMs, pues Orange se lo toma con mucha calma…

El primer paso era rootear el sistema, es decir, adquirir privilegios de root para tocar cosas “avanzadas”. En xataka hay un tutorial bastante trabajado, yo me bajé el programa unrevoked, para Windows. Además, hay que bajarse e instalar los HBOOT drivers, pues si no la cosa “petará” (yo no lo hice a la primera y se quedó colgado, aunque reiniciando no había males mayores). Conectando el móvil al ordenador con el cable USB (y en el modo de sólo carga, si no dará un error también), había que ejecutar el programa, siguiendo los pasos de los tutoriales anteriores. Tras un par de reinicios, voilá…

El segundo paso era instalar la ROM. En algunas webs se recomendaba el uso de una app llamada ROM Manager, así que me instalé la versión gratuita. Está muy “chula” y tiene muchas opciones para hacer backups, instalar ROMs… La versión de pago permite bajar directamente las ROMs disponibles en un catálogo, pero para la gratuita hay que bajárselas de internet. Tras seguir todos los pasos, (en mi dispositivo la tecla para seleccionar una opción era el trackball), y copiando el ROM a la tarjeta SD… hecho!

Primero probé una ROM llamada Redux. No estaba nada mal, pero tras probarla un poco, me daba algunos fallos con el market. Así que con el mecanismo acortado de lanzar el recovery, borrar los datos y cargar la nueva ROM, intenté instalar una que recomendaba mucha gente, la Doxygen. Sin embargo, no me funcionaba, ni tan siquiera instalaba. Me bajé la Ginger Villain, y ésta sí arrancó. Tiene una interfaz muy atractiva, y parece que funciona sin problemas. ¡Y me está gustando mucho!

Buscando en Google también he visto que hay muchas compilaciones, y muchos listados, así que desde luego hay donde elegir, :D

La mala suerte

La mala suerte no existe, no. O al menos no es la culpable de que un negocio vaya bien o mal. A menudo son fallos propios los que dan pie a esa supuesta mala suerte, que nos sirve como excusa para explicar por qué no estamos donde, según habíamos pensado, deberíamos estar. Es posible que ante una ejecución igual, puedan variar los resultados, pero un emprendendor no puede dejar cabos sueltos y esperar que la fortuna se los resuelva. Si algo no se ha hecho bien, ¿no deberíamos entonar el mea culpa? Está de moda echar balones fuera y culpar de todos los males a terceros. La crisis, las herramientas, el entorno, los medios… o la simple pregunta de ¿quién lo iba a imaginar? Y todo eso se acaba resumiendo en un “hemos tenido mala suerte“.

Pero esa entidad, mala o buena, tiende a no existir. Si se hacen las cosas bien, y los buenos resultados siguen sin salir, quizá es que no estaban tan bien hechas, o podían mejorar bastante. O tal vez un poco, lo suficiente para haber marcado la diferencia entre la “buena suerte” y la “mala suerte“. Si de algo hay que quejarse es de uno mismo, porque un emprendedor debe preveer las cosas y resolver los posibles contratiempos antes de que pasen. Y no, no debe hacer las cosas justas, esperando que la “potra” le sonría, y a que la falta de proactividad la complemente “su destino“. El emprendedor no puede ser mediocre, conformarse, dar el visto bueno a la primera. Ha de ser tenaz, estar siempre pensando en cómo mejorar lo ya hecho, en cómo repasar una y otra vez esa tarea para que quede, no bien, sino perfecta. Y tampoco puede lamentarse. Ha de aprender de los errores, para no volver a cometerlos. Ha de sobreponerse, buscar soluciones, mejorar.

La mala suerte no existe, es la excusa de los mediocres.

GQueues, gestión de tareas en Google Apps

Los gestores de tareas es un tipo de software que para mí tiene mucha importancia, pues siempre que los he utilizado la mejora de la productividad y organización ha sido considerable. Unos me parecían mejores, otros más completos, otros peores… pero todos tenían un problema común: la necesidad de tener un subdominio o ubicación diferente de la del correo. Cuando Google Apps lanzó la tienda de aplicaciones, no le presté mucha importancia, hasta hace algunas semanas que me puse a examinar la oferta existente….

Google Apps me parece un servicio muy útil. Tienes una especie de intranet (wiki mediante los Sites, documentos colaborativos mediante los Docs, el calendario corporativo…) dentro del mismo núcleo donde tienes el correo, así que a nivel operativo resulta muy atrayente tener todo ubicado en un mismo sitio. Y si además añadimos la posibilidad de tener un gestor de tareas también integrado en la plataforma…

GQueues es la primera app que probé. Es un gestor de tareas muy sencillo, con una interfaz muy amigable, y orientada al nuevo look de Google Apps. La versión lite, tiene bastante funcionalidad, aunque se puede quedar muy corta por el hecho de que no permite asignaciones (y, por tanto, aviso mediante emails de la asignación de nueva tarea a un usuario). Comentando más cosas,

Mola

  • Crear tareas y subtareas. Una tarea puede dividirse en partes más pequeñas asociadas a otros usuarios…. así que, ¡genial!.
  • Asignar etiquetas, para hacer filtros, búsquedas… o que quede más claro de qué va una tarea…
  • La versión de pago, integra perfectamente los hitos y fechas con el calendario de Google Apps
  • Hay colas y categorías, de tal manera que puedes tener una jerarquía y ordenar por proyectos y áreas, por ejemplo…
  • Drag & Drop de items, asignación de colores a categorías… la UX es muy buena.
No mola
  • No tener comentarios por cada tarea. El usuario puede marcarlas como realizadas, pero no se pueden hacer comentarios.
  • A los usuarios que invitas, no les puedes asignar un nick, viendo su correo. Ellos pueden cambiarlo, pero tú no puedes definirlo como admin
Ni fu ni fa
  • Se pueden realizar tareas colaborativas, para editar en tiempo real. Yo no le veo mucha utilidad, pero ahí está…
  • La velocidad podría mejorar. No es lento, pero tampoco inmediato, sobre todo aplicando filtros…
En resumen, para equipos pequeños y que no necesiten medir mucho las métricas (las tareas por ejemplo, no tienen un campo para horas estimadas o % completado) es una herramienta que me ha parecido muy buena. Simple, pero efectiva.