El milagro de cerrar una venta

Por linkedin se pueden encontrar debates interesantes en los numerosos grupos profesionales que existen. El otro día, leía uno acerca de lo que cuesta cerrar un negocio o una venta, y es algo que comentaba la semana pasada con un colega. La situación de crisis ha influido mucho en esto: hace año y medio cerrabas proyectos con mucha más facilidad, pero en los últimos meses todas las operaciones se miran con lupa, intentando reducir cada inversión al mínimo. Negociaciones que antes tardaban pocas semanas, ahora se extienden a lo largo de varios meses… tendiendo algunas incluso al año. Otras propuestas directamente han sido rechazadas por precio, aun cuando estaban por debajo del mercado. Todo tiende a retrasarse…

Eso hace que cada venta cerrada se sienta de un modo especial, y que se tengan que dedicar más esfuerzos a temas comerciales. Es una de las cosas que va llamando mi atención, porque mucho tiempo que antes dedicaba a tareas técnicas he pasado a dedicar a otras tareas más relacionadas con propuestas, búsqueda activa de clientes…  no deja de ser “curioso” y algo desesperante: tener mil cosas en el aire y ninguna en mano de forma inmediata.

El misterioso caso del mmorpg

A principios de mes, comentaba en qué falló en lo nuestro que una idea no vale mucho por sí misma, contando más bien el hecho de (cómo) llevarla a cabo. En muchos foros, por comentarios de conocidos… se suele oír que se tiene una idea genial, que por lo general suele ser bastante “laboriosa” de materializar. El caso es que el inventor de esa idea cree que será un gran proyecto, que renovará lo que hay en el mercado y generará muchos ingresos que repartirá entre aquellos que colaboren en tan tremendo juegazo. Además, creará una de las mejores empresas del país, con proyección internacional y éxito asegurado.

Pero el punto “conflictivo” viene cuando observas que tiene poca experiencia (o incluso ninguna) en el sector, que va a dedicar sólo el tiempo libre (a lo sumo), que no cuenta con más recursos que un hosting (en algunos casos, gratuito), que tiene algún programador también a tiempo más que parcial…. En otras palabras, cuando ves que sólo es una efímera ilusión. No obstante, el “emprendedor” consigue los primeros colaboradores y se comienzan a hacer cosillas. Pero el proyecto necesita muchas horas, mucha planificación, muchas personas, mucho sacrificio… y no parece ser cosa de dos días como se había pensando en un principio. Y el tiempo pasa, los avances cada vez son menores.. y tras varios meses el equipo se da cuenta de que el proyecto no marcha, que aparte de las magias, está todo por hacer. ¡Con lo bien que pintaba! Una lástima, pero el juego se cancela… y queda en el olvido… con poco más que unos bocetos.

En el caso del mmorpg es especialmente llamativo, pero no hace falta que el proyecto sea un juego, ni tan siquiera que sea un mega proyecto. Soñar está bien, pensar en grande, también; pero hay que tener los pies en el suelo, analizar los recursos (materiales, temporales, personales…) que se tienen, estudiar lo que implica, lo que estamos dispuestos a aportar (de verdad) y hacer algo en coherencia. Idear un proyecto revolucionario no sirve de nada si no se puede llevar a cabo, por el motivo que sea. Y cuanto más pasan los años (y los proyectos), más cuenta me doy de ello.

La desdicha de la multitarea

Programo, diseño, gestiono, administro, maqueto, configuro, analizo, presupuesto, estimo, valoro, dirigo, pienso, planeo, vuelvo a programar, vendo… Desde que comencé la aventura empresarial y cada vez más, mi lista de tareas diarias, a parte de estar bien llena, tiende a ser muy variopinta. Aunque intento ser lo más organizado posible, hay un sinfín de cosas que poco tienen que ver las unas con las otras, así que la multitarea se convierte en algo común cada día, resultando muchos de ellos, agotadores. Requiere tener muchas cosas en la cabeza de forma simultánea (y apuntarlas para que no se pasen por alto), ir estableciendo prioridades, ser metódico… mucha concentración. Aún así, siempre van quedando cosas en el tintero  (no dar abasto) y es algo que sólo se puede ir solucionado con socios (delegar, repartir carga) y/o muchos ingresos (para sufragar los gastos de ese personal o roles que faltan).

El punto positivo es que a base de “pegarte” con cosas que en muchos casos no dominas, aprendes de forma constante y variada, siendo una experiencia enriquecedora. Pero…

Técnicas de venta… ¿intrusivas?

Dentro de poco, asistiré a un seminario sobre técnicas de venta, y algo que me llama mucho la atención es la forma de actuar de algunas empresas. Quizás con ese foco en producir ventas en serie, se olvidan del trato cercano y directo… y no sé si tendrán éxito o no, pero particularmente no me causan buenas sensaciones.

Desde que fundé la empresa, he recibido multitud de cartas con información comercial, en muchos casos de productos que por nuestra naturaleza, no necesitamos de forma obvia. En otros casos, investigando un poco, se llegaría a la misma conclusión. Y, por último, algunos servicios que si bien son una necesidad, no he prestado mucha atención por las formas en el contacto. Pero sea cual sea el servicio, la reflexión que me hago es que en general, hay empresas pendientes del registro mercantil, donde tienen una fuente para envíar su publicidad, sin filtro alguno. Y algunos casos, con envíos sistemáticos y muy habituales, son algo pesados. Otras empresas se lo “curran” más y, en lugar de enviar sólo cartas genéricas, envían algunas muestras de producto gratuitas.  Y si además van acompañadas con una carta algo más personalizada, la impresión puede cambiar de forma radical.

En otro ámbito, también me llama la atención las empresas que al entregarles (o coger) tu tarjeta de visita, te añaden a una lista de correo para mandarte correos, en plan email marketing. Y del mismo modo, en muchos casos no se han molestado ni en mirar tu página web para ver a qué te dedicas. Entiendo que mandar emails personalizados y/o propuestas adaptadas cuesta mucho tiempo, pero creo que aunque ese retorno de la inversión sea escaso, merece la pena por esa impresión que se crea en la otra persona. Me fiaría mucho más de alguien que me escribe con conocimiento de causa, que de alguien que ha metido mi correo en una base de datos y no se ha preocupado de más.

Y otro caso es el spam puro y duro, recopilación del email de la web.. y… :S Me pregunto quién logrará vender a través de esta técnica… y si no es productivo.. por qué seguir con ello?

Qué falló en lo nuestro

El otro día escuchaba un programa de radio titulado “qué falló en lo nuestro” (o cómo conducir de noche), y me pareció un buen título para este post.  El 2009 fue sin duda un año de aprendizaje sin descanso, de muchas lecciones nuevas y, también otras, de recordatorio.

  • Lo bien atado, mejor atado está. Las palabras se las lleva el viento, la buena voluntad puede terminarse de un día para otro. Acuerdos, colaboraciones, tratos… e incluso pactos entre socios, por escrito y definiendo pauta por pauta. Si alguien no hace su trabajo, si alguien no cumple lo pactado… tendrás más seguridad y podrás “tirar de contrato”, si está todo bien definido. Confiar demasiado en la buena voluntad… es mucho lujo.
  • La gente, el mejor tesoro. Dar responsabilidad a personas no adecuadas puede ser una fuente de problemas inagotable. Y ese “no adecuado” puede ser falta de talento, de constancia, de ganas, de visión…  si quieres hacer algo, asegúrate que la gente en la que te vas a apoyar es de fiar, en todos los sentidos. Si no, sigue buscando y busca colaboradores (y trátalos bien) para temas que no comprometan en exceso a la empresa.
  • Saber adaptarse es vital, pero no tener planes significa la muerte. Una empresa o cualquier proyecto emprendedor serio (del que se pretenda vivir), no es un hobbie o un “a ver qué pasa”. Planifica, estima, valora, plantea… y sé realista. Evita el “de aquí a 3 meses, ya veremos”, “vamos viendo sobre la marcha”, “según vayamos viendo”… o no tendrás nunca un rumbo estable, aumentando las posibilidades de fracaso.
  • Analiza y evita impulsos. Una puerta a medio abrir es muy tentadora, pero piensa si realmente puede abrirse del todo. Quizás por poner mucho empeño en ella dejes otras cerradas, pero de apertura más fácil, o otras abiertas en las que no te habías fijado por ese deslumbramiento inicial. En mi caso, por ejemplo, me centré mucho en un proyecto que resultó ser un fracaso (entre otras cosas por no analizar bien los recursos disponibles), y dejé de lado otras cosas que hubieran resultado más productivas.
  • Un proyecto no va a comerse el mundo por ciencia infusa, por bueno que sea. Cada vez que se oye “tengo una idea demoledora, que va a arrasar”, se huele un fracaso.  Sobre todo, porque esa idea hay que llevarla a cabo. Muchas ideas que he oído y otras en las que de algún modo he participado, han quedado en eso, en ideas difusas que el aire se llevó.  Y nadie apostará por ti (compañeros, socios, inversores…) si no ve un proyecto sólido detrás. En videojuegos, es lo que se  conoce como “el misterioso caso del mmorpg” (hablaré de él algún día :P).

Una carrera de fondo

El triunfo empresarial no llega en un instante. Ni en días, ni posiblemente, en meses o años. Emprender es una carrera de fondo. Y vas consiguiendo pequeñas cosas, superando metas cercanas, pero “la meta” todavía está ahí, esperando, impasible. Por cada puerta que se abre, otras muchas se cierran, algunos apoyos vienen, pero otros muchos se van y el éxito parece resistirse. La financiación aprieta, los recursos escasean… y todavía te queda camino, muchos kilómetros por recorrer. Sigues saltando obstáculos, vallas, charcos… incluso te paras, alzas la vista y optas por tomar otra ruta. Pero continúas incansable, con la tenacidad de los triunfadores. Cada vez que tropiezas, tomas aliento y te levantas con una fuerza mayor, con una lección aprendida. Soportas la lluvia, el mal tiempo, el calor… y todo lo que pueda venir, sin dejar de moverte, sin dejar a avanzar. Resistes, sigues ahí, corriendo. Vuelves a alzar la vista y, esta vez, te das cuenta de que lo has conseguido: la meta está justo enfrente, es para ti. Pero no te conformas, y vuelves a correr…

Validando (y vendiendo) una idea

El otro día leí un artículo en el que el autor hablaba sobre validar la idea, un punto importante para todo emprendedor. ¿El producto sirve para algo? ¿Lo usaría la gente? ¿por qué? Me pareció un gran post, y estoy muy de acuerdo con él.

¿Cómo validar la idea? Uno mismo tiende a no ser muy objetivo, entre otras cosas porque para mí algo sí puede ser muy útil, pero no para la gran mayoría de la gente. Lo primero es tomar opiniones del entorno cercano, e ir abriendo el abanico poco a poco. En mi caso, nunca he sido profeta en mi tierra (mi entorno está más cerca del 0.1 que del 2.0), pero aún así es muy enriquecedor recibir feedback de todo tipo. Uno de mis proyectos, no se entendía. Sin embargo, en gente más relacionada con internet, sí generaba mucho interés. Y tras “vender” la idea, llega el punto más conflictivo, vender el producto y llevar una ejecución impecable. Otra de las frases que más se escucha es que la idea quizás es lo menos importante, y hay infinidad de ejemplos sobre ello. Ideas muy buenas se han quedado en el camino, fracasando o no llegando donde deberían haber llegado, y otras ideas más “normalitas” generan muchos millones y son startups de éxito. Y en esa ocasión, falló toda esa parte.

Vender, no se vende sólo nada. El fallo más común tiende a ser pensar que tenemos una gran idea, un gran producto que revolucionará el mercado y que, por tanto, se transmitirá por el boca a boca haciéndonos todo el trabajo. Sacaremos el producto, y veremos cómo no se vende por arte de magia. En alguna charla escuché a un experto comentar que, por estadística, un producto similar a otro debe ser 10 veces mejor que el existente, para “convencer” al usuario de que deje de usar lo que ha usado siempre. Si no hay referentes, la cosa puede estar algo más fácil, pero de igual modo se requiere una inversión en marketing muy grande (en tiempo, con una persona dedicada a ello y/o dinero en campañas) para convertirse en algo muy “potente“. Y siempre hay excepciones, pero de forma muy posible, no seremos la excepción.

Adaptabilidad: reinventarse o morir

El otro día vía streaming escuche una reflexión acerca de la flexibilidad que debe tener una empresa y, por tanto, el emprendedor que esté detrás. Es un consejo muy escuchado, “adaptarse a los cambios, a las oportunidades, a las dificultades“. Y también forma parte de las lecciones aprendidas.

Una idea o un negocio, puede estar bien pensado, ser bueno. Pero por muchos motivos, puede que no cuaje. ¿Qué hacer entonces? ¿Seguir insistiendo? ¿Reinventarse y enfocarse a algo más inmediato o productivo? En otro post reflexionaba sobre los pros y contras de centrarse en producto o servicio. En mi caso, mi idea inicial estaba muy enfilada a producto, viendo más tarde la posibilidad de abordar, de forma tímida, proyectos de terceros. Más tarde aún, la empresa se reorientaba fuertemente a servicios. Y dentro de los servicios, a aquellos más potenciales. El plan de negocio, aún si se estima con mucho realismo y negatividad, tiende a quedarse incluso por debajo de lo planeado o simplemente puede que no funcione. Así que hay que agudizar los sentidos y estar siempre preparado para tomar decisiones sobre la marcha, adaptándose a las necesidades, a los nuevos mercados que puedan surgir… En nuestro caso, por ejemplo, el marketing digital / móvil orientado a videojuegos (y aplicaciones) está resultando ser fuente de muchas propuestas, vía de negocio que a priori no contemplaba.

Y, analizando, sin esa adaptabilidad y evolución contínua, hubiera sido imposible. Muchas empresas han muerto por no saber adaptarse, por agarrarse a un clavo ardiendo o esperando alguna fuente milagrosa que haga funcionar lo que no funciona, siendo aplicable a todo sector y extrapolable también a industrias como la discográfica.

Encontrar socios, completar un equipo y otras tareas imposibles

Desde hace mucho, mucho tiempo… he tratado de encontrar socios de diferentes perfiles, de completar un equipo emprendedor sólido y comprometido. De hecho, es una asignatura pendiente, una “espina” que me está costando quitar. Emprender en solitario puede convertirse en un suicidio, sobre todo cuando no tienes capital y tu proyecto requiere de habilidades que tú no tienes. Así que no queda otra que trabajar en equipo, también por la robustez que eso puede llegar a dar (puntos de vista, opiniones especializadas, reparto de tareas…) Pero.. ¿con quién asociarse entonces?

Varios años atrás se daban situaciones insólitas. Gente que venía, volvía, se iba… y cuando es un hobbie, no importa demasiado (o sí, pero es menos drástico). Cuando tienes en mente una empresa, es desquiciante. Alguien se va en un momento crítico y… o, simplemente, el tiempo pasa sin que haga su trabajo. Durante este último año he aprendido mucho, quizás a “base de palos”, y poco a poco he ido afinando el criterio de confianza: en quién puedes confiar, en quién no, para qué sí, para qué no… y encontrar a alguien que comparta tu visión, tus ganas, tus inquietudes… es muy complicado. Trabajadores con contrato indefinido, los hay de mucho talento y aptitudes, pero emprendedores

¿Dónde buscar? En mi entorno cercano, imposible, no hay. En internet, las aproximaciones nunca dieron resultado, incluso publicando en sitios como comunidades temáticas, linkedin… El boca a boca, tampoco parece muy efectivo… y a través de contactos directos, poco (algo) se ha logrado. Hará alguna semana, una compañera empresaria me sugirió que buscara en las facultades. Todavía no he probado con ello, así que todo se andará (asaltemos bellas artes!). También he observado que determinados perfiles son más “voluntariosos” que otros: los programadores tienen más inquietud por emprender, pero los creativos o comerciales, tienen intereses más inmediatos, por lo general.

Y si es difícil completar el equipo con una persona… cuando tienes un esbozo y te hace faltan varias más, o al menos un par, la cosa ya tiende a infinito. No obstante, nunca se pierde la esperanza; seguiremos insistiendo.

Monkey Tower, una de postmortem

El otro día dejaba un vídeo con los consejos para afrontar una game jam, y hoy dejo un pequeño postmortem del proyecto en el que participé, junto al stratero Naranjo y a Mateo. Como siempre, la experiencia única. Se aprende, se disfruta, se reta….

La idea

Tras la presentación pública de las primeras ideas (y tras el anuncio de las restricciones de juego), hubo una que me llamó la atención. Un mono subiendo por plataformas a la torre de un castillo. Me recordaba a juegos muy adictivos de hace años… así que “compramos”, a falta de tener grafista para otra de las ideas atrayentes. Tras formar el grupo, comenzamos el trabajo…

Qué fue bien

  • Scrum Lite: agenciarnos un armario para organizar las tareas (ya lo hicimos el año pasado) puede llegar a ser muy productivo y motivante. En líneas generales, cumplimos con el planteamiento, a pesar de saltarnos algunas cosillas y sufrir estrés a las últimas horas.
  • Adictivo! Aunque el juego nos quedó muy simple, resultó “picar” bastante. El jurado y el resto de compañeros lo valoraron como muy adictivo, si bien los niveles al poco de juego se volvían imposibles. Hardcore, hardcore…
  • Detalles. Son poco notables, pero ahí están. El mono tiene menos impulso si corre sobre una plataforma que va en sentido contrario, o le sale “humo” en función de la potencia del salto a realizar (presionando la  tecla espacio mayor o menor tiempo)…
  • XNA. Hacía mucho tiempo que no tocaba nada en XNA (y en general, en temas relativos a juegos de escritorio), pero la plataforma sin duda es muy intuitiva. El último día me ayudó Naranjo en temas de programación, que tampoco lo había tocado, y también hizo cosillas en poco tiempo. Elegir el lenguaje adecuado a la necesidad y propósitos, es vital.

Qué fue mal

  • La impresión general. Aunque no era el objetivo, pasamos del menú y otros detalles, dando una sensación al juego de poco acabado. Si hay algo que cuesta mucho a nivel de programación y no tiene un efecto muy visible en el juego, es mejor obviarlo y ofrecer una imagen más terminada. Nosotros pulimos mucho esos detalles, pero no otros como hacer más visual el reloj o el interfaz de juego. El jugador con lo que se queda, es con lo que se nota a simple vista.
  • Equipo compensado. A priori el juego no era muy complejo. Pero siempre surgen cosas inesperadas, imprevistos… y un sólo programador es complicado que pueda llevar todo, hay que ajustar muy bien el tipo de juego desde el principio. Y nos pilló un poco el toro…
  • Hardcore! No hubo mucho tiempo para testing (nos comimos toda esa parte de la planificación), así que no tuvimos oportunidad de ajustar un poco los niveles. El juego se tenía que pasar en 5 minutos, pero sólo Naranjo logró tal hito.. y la mayoría no pasaba de la segunda o tercera zona, de las 5 existentes.

El proyecto se puede descargar de la página del Global Game Jam, y el vídeo, en youtube.