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La desdicha de la multitarea

Programo, diseño, gestiono, administro, maqueto, configuro, analizo, presupuesto, estimo, valoro, dirigo, pienso, planeo, vuelvo a programar, vendo… Desde que comencé la aventura empresarial y cada vez más, mi lista de tareas diarias, a parte de estar bien llena, tiende a ser muy variopinta. Aunque intento ser lo más organizado posible, hay un sinfín de cosas que poco tienen que ver las unas con las otras, así que la multitarea se convierte en algo común cada día, resultando muchos de ellos, agotadores. Requiere tener muchas cosas en la cabeza de forma simultánea (y apuntarlas para que no se pasen por alto), ir estableciendo prioridades, ser metódico… mucha concentración. Aún así, siempre van quedando cosas en el tintero  (no dar abasto) y es algo que sólo se puede ir solucionado con socios (delegar, repartir carga) y/o muchos ingresos (para sufragar los gastos de ese personal o roles que faltan).

El punto positivo es que a base de “pegarte” con cosas que en muchos casos no dominas, aprendes de forma constante y variada, siendo una experiencia enriquecedora. Pero…

Qué falló en lo nuestro

El otro día escuchaba un programa de radio titulado “qué falló en lo nuestro” (o cómo conducir de noche), y me pareció un buen título para este post.  El 2009 fue sin duda un año de aprendizaje sin descanso, de muchas lecciones nuevas y, también otras, de recordatorio.

  • Lo bien atado, mejor atado está. Las palabras se las lleva el viento, la buena voluntad puede terminarse de un día para otro. Acuerdos, colaboraciones, tratos… e incluso pactos entre socios, por escrito y definiendo pauta por pauta. Si alguien no hace su trabajo, si alguien no cumple lo pactado… tendrás más seguridad y podrás “tirar de contrato”, si está todo bien definido. Confiar demasiado en la buena voluntad… es mucho lujo.
  • La gente, el mejor tesoro. Dar responsabilidad a personas no adecuadas puede ser una fuente de problemas inagotable. Y ese “no adecuado” puede ser falta de talento, de constancia, de ganas, de visión…  si quieres hacer algo, asegúrate que la gente en la que te vas a apoyar es de fiar, en todos los sentidos. Si no, sigue buscando y busca colaboradores (y trátalos bien) para temas que no comprometan en exceso a la empresa.
  • Saber adaptarse es vital, pero no tener planes significa la muerte. Una empresa o cualquier proyecto emprendedor serio (del que se pretenda vivir), no es un hobbie o un “a ver qué pasa”. Planifica, estima, valora, plantea… y sé realista. Evita el “de aquí a 3 meses, ya veremos”, “vamos viendo sobre la marcha”, “según vayamos viendo”… o no tendrás nunca un rumbo estable, aumentando las posibilidades de fracaso.
  • Analiza y evita impulsos. Una puerta a medio abrir es muy tentadora, pero piensa si realmente puede abrirse del todo. Quizás por poner mucho empeño en ella dejes otras cerradas, pero de apertura más fácil, o otras abiertas en las que no te habías fijado por ese deslumbramiento inicial. En mi caso, por ejemplo, me centré mucho en un proyecto que resultó ser un fracaso (entre otras cosas por no analizar bien los recursos disponibles), y dejé de lado otras cosas que hubieran resultado más productivas.
  • Un proyecto no va a comerse el mundo por ciencia infusa, por bueno que sea. Cada vez que se oye “tengo una idea demoledora, que va a arrasar”, se huele un fracaso.  Sobre todo, porque esa idea hay que llevarla a cabo. Muchas ideas que he oído y otras en las que de algún modo he participado, han quedado en eso, en ideas difusas que el aire se llevó.  Y nadie apostará por ti (compañeros, socios, inversores…) si no ve un proyecto sólido detrás. En videojuegos, es lo que se  conoce como “el misterioso caso del mmorpg” (hablaré de él algún día :P).

Una carrera de fondo

El triunfo empresarial no llega en un instante. Ni en días, ni posiblemente, en meses o años. Emprender es una carrera de fondo. Y vas consiguiendo pequeñas cosas, superando metas cercanas, pero “la meta” todavía está ahí, esperando, impasible. Por cada puerta que se abre, otras muchas se cierran, algunos apoyos vienen, pero otros muchos se van y el éxito parece resistirse. La financiación aprieta, los recursos escasean… y todavía te queda camino, muchos kilómetros por recorrer. Sigues saltando obstáculos, vallas, charcos… incluso te paras, alzas la vista y optas por tomar otra ruta. Pero continúas incansable, con la tenacidad de los triunfadores. Cada vez que tropiezas, tomas aliento y te levantas con una fuerza mayor, con una lección aprendida. Soportas la lluvia, el mal tiempo, el calor… y todo lo que pueda venir, sin dejar de moverte, sin dejar a avanzar. Resistes, sigues ahí, corriendo. Vuelves a alzar la vista y, esta vez, te das cuenta de que lo has conseguido: la meta está justo enfrente, es para ti. Pero no te conformas, y vuelves a correr…

Validando (y vendiendo) una idea

El otro día leí un artículo en el que el autor hablaba sobre validar la idea, un punto importante para todo emprendedor. ¿El producto sirve para algo? ¿Lo usaría la gente? ¿por qué? Me pareció un gran post, y estoy muy de acuerdo con él.

¿Cómo validar la idea? Uno mismo tiende a no ser muy objetivo, entre otras cosas porque para mí algo sí puede ser muy útil, pero no para la gran mayoría de la gente. Lo primero es tomar opiniones del entorno cercano, e ir abriendo el abanico poco a poco. En mi caso, nunca he sido profeta en mi tierra (mi entorno está más cerca del 0.1 que del 2.0), pero aún así es muy enriquecedor recibir feedback de todo tipo. Uno de mis proyectos, no se entendía. Sin embargo, en gente más relacionada con internet, sí generaba mucho interés. Y tras “vender” la idea, llega el punto más conflictivo, vender el producto y llevar una ejecución impecable. Otra de las frases que más se escucha es que la idea quizás es lo menos importante, y hay infinidad de ejemplos sobre ello. Ideas muy buenas se han quedado en el camino, fracasando o no llegando donde deberían haber llegado, y otras ideas más “normalitas” generan muchos millones y son startups de éxito. Y en esa ocasión, falló toda esa parte.

Vender, no se vende sólo nada. El fallo más común tiende a ser pensar que tenemos una gran idea, un gran producto que revolucionará el mercado y que, por tanto, se transmitirá por el boca a boca haciéndonos todo el trabajo. Sacaremos el producto, y veremos cómo no se vende por arte de magia. En alguna charla escuché a un experto comentar que, por estadística, un producto similar a otro debe ser 10 veces mejor que el existente, para “convencer” al usuario de que deje de usar lo que ha usado siempre. Si no hay referentes, la cosa puede estar algo más fácil, pero de igual modo se requiere una inversión en marketing muy grande (en tiempo, con una persona dedicada a ello y/o dinero en campañas) para convertirse en algo muy “potente“. Y siempre hay excepciones, pero de forma muy posible, no seremos la excepción.

Adaptabilidad: reinventarse o morir

El otro día vía streaming escuche una reflexión acerca de la flexibilidad que debe tener una empresa y, por tanto, el emprendedor que esté detrás. Es un consejo muy escuchado, “adaptarse a los cambios, a las oportunidades, a las dificultades“. Y también forma parte de las lecciones aprendidas.

Una idea o un negocio, puede estar bien pensado, ser bueno. Pero por muchos motivos, puede que no cuaje. ¿Qué hacer entonces? ¿Seguir insistiendo? ¿Reinventarse y enfocarse a algo más inmediato o productivo? En otro post reflexionaba sobre los pros y contras de centrarse en producto o servicio. En mi caso, mi idea inicial estaba muy enfilada a producto, viendo más tarde la posibilidad de abordar, de forma tímida, proyectos de terceros. Más tarde aún, la empresa se reorientaba fuertemente a servicios. Y dentro de los servicios, a aquellos más potenciales. El plan de negocio, aún si se estima con mucho realismo y negatividad, tiende a quedarse incluso por debajo de lo planeado o simplemente puede que no funcione. Así que hay que agudizar los sentidos y estar siempre preparado para tomar decisiones sobre la marcha, adaptándose a las necesidades, a los nuevos mercados que puedan surgir… En nuestro caso, por ejemplo, el marketing digital / móvil orientado a videojuegos (y aplicaciones) está resultando ser fuente de muchas propuestas, vía de negocio que a priori no contemplaba.

Y, analizando, sin esa adaptabilidad y evolución contínua, hubiera sido imposible. Muchas empresas han muerto por no saber adaptarse, por agarrarse a un clavo ardiendo o esperando alguna fuente milagrosa que haga funcionar lo que no funciona, siendo aplicable a todo sector y extrapolable también a industrias como la discográfica.

Encontrar socios, completar un equipo y otras tareas imposibles

Desde hace mucho, mucho tiempo… he tratado de encontrar socios de diferentes perfiles, de completar un equipo emprendedor sólido y comprometido. De hecho, es una asignatura pendiente, una “espina” que me está costando quitar. Emprender en solitario puede convertirse en un suicidio, sobre todo cuando no tienes capital y tu proyecto requiere de habilidades que tú no tienes. Así que no queda otra que trabajar en equipo, también por la robustez que eso puede llegar a dar (puntos de vista, opiniones especializadas, reparto de tareas…) Pero.. ¿con quién asociarse entonces?

Varios años atrás se daban situaciones insólitas. Gente que venía, volvía, se iba… y cuando es un hobbie, no importa demasiado (o sí, pero es menos drástico). Cuando tienes en mente una empresa, es desquiciante. Alguien se va en un momento crítico y… o, simplemente, el tiempo pasa sin que haga su trabajo. Durante este último año he aprendido mucho, quizás a “base de palos”, y poco a poco he ido afinando el criterio de confianza: en quién puedes confiar, en quién no, para qué sí, para qué no… y encontrar a alguien que comparta tu visión, tus ganas, tus inquietudes… es muy complicado. Trabajadores con contrato indefinido, los hay de mucho talento y aptitudes, pero emprendedores

¿Dónde buscar? En mi entorno cercano, imposible, no hay. En internet, las aproximaciones nunca dieron resultado, incluso publicando en sitios como comunidades temáticas, linkedin… El boca a boca, tampoco parece muy efectivo… y a través de contactos directos, poco (algo) se ha logrado. Hará alguna semana, una compañera empresaria me sugirió que buscara en las facultades. Todavía no he probado con ello, así que todo se andará (asaltemos bellas artes!). También he observado que determinados perfiles son más “voluntariosos” que otros: los programadores tienen más inquietud por emprender, pero los creativos o comerciales, tienen intereses más inmediatos, por lo general.

Y si es difícil completar el equipo con una persona… cuando tienes un esbozo y te hace faltan varias más, o al menos un par, la cosa ya tiende a infinito. No obstante, nunca se pierde la esperanza; seguiremos insistiendo.

Concursos polémicos 2.0

Ayer en Alzado se desató un “debate” algo subido de tono (grescas) sobre la decisión por parte de la organización de dejar desierto el premio de la convocatoria. La mayoría parece opinar estar en contra del resultado, de los propios organizadores… y alguna persona apoya la moción. En otro concurso parecido, el otro día leía en los comentarios otras opiniones opuestas, tachando a los organizadores de “estafadores”.

Me parece algo curioso. Las condiciones de un concurso me pueden parecer injustas, que no compensan para mí o para mi empresa, que son abusivas… pero de ahí a poner verde a la organización… me parece un comportamiento algo inapropiado, al menos sin medir las palabras y en tono de pataleta. En un evento privado, es la entidad convocante es el “dueño” de ese evento, por lo que, dentro de la legalidad vigente, podrá proponer y definir las bases que quiera. Otra cosa es argumentar que se intenta camuflar como apoyo al emprendedor, o como gesto de buena voluntad… pero como entidad privada o particular, el convocante puede hacer cuanto desee siempre que cumpla la ley y las bases establecidas. Si en algún punto las bases no son claras, o no está bien definido qué implica, siendo un vacío legal, seguiría sin tener consecuencias.

En mi caso participé. Y no me siento estafado si no me dan el premio, bien porque se lo lleve otro o porque quede desierto. En este último caso siempre parece una medida impopular (de hecho me parece que lo es); se tiende a exigir que “nos den dinero” por ciencia divina, por tener una idea o por ser buenos en nuestro trabajo. También, el otro día alguien se quejaba en un blog de un BA que se sentía ofendido cuando éstos le pedían que también él se implicase dejando su trabajo e invirtiendo un poco de su dinero. Argumentaba que le tenían que dar dinero por “ser él”, sin ningún estudio, planning o compromiso. No sé si la gente quiere hacerse millonario con poco trabajo o en muy poco tiempo, pero es algo para reflexionar, según mi entender. Me puede parecer bien que se apoye al emprendendor, mal que no se le apoye… pero exigir (con aires de grandeza futura) a entidades privadas tal fin, con un comportamiento altruista…

Tiempo completo, tiempo parcial

Si quieres tener una oportunidad, dedícate a full-time“. Este consejo es muy escuchado por emprendedores (empresarios) que han llegado muy alto y durante estos meses me he dado cuenta de la gran verdad que residía en él. Cuando se tiene un espíritu inquieto, una motivación especial por emprender, por crear nuevas cosas… se tiende a pensar en el lado cómodo, continuar con un trabajo por cuenta ajena y, en ratos libres, dedicarle algo de tiempo a ese “negocio”. En otros negocios puede que sí sea más compatible, pero en proyectos de internet orientados a ser una start up o empresa de base tecnológica enfocada a producto, creo que es una apuesta segura de fracaso. Y la aplicación web o proyecto puede que vaya bien, que tenga usuarios, que haya movimiento… incluso que genere algún ingreso con el que permitirse algún capricho o auto-empleo, pero nunca será un negocio empresarial.

Hace alrededor de un año y tres meses que dejé mi trabajo para emprender Undead, formalizada desde Abril del 2009 como empresa. Vamos dando pasos muy pequeños, pero me hubiera resultado imposible crear la compañía llegando a casa a las 7 de la tarde, en el mejor de los casos. Es más, si dedicándose en cuerpo y alma es muy difícil triunfar, a part-time es, cuanto menos, crearse castillos de arena. Como decía antes, al principio se suele ser muy optimista, trazar grandes planes, crearse muchas ilusiones… y confiar en que la cosa cuaje para vivir de ello. Pero el tiempo es limitado, las ganas se merman, todo se complica… y ese castillo termina por derrumbarse. A nivel personal y con otras personas, he participado en varios proyectos, que acabaron fracasando precisamente por este motivo. Para el futuro, otra lección ya constatada es que no participaré en ningúna propuesta en el que los promotores no se comprometan a desvivirse por el proyecto. (Otro día hablaré del pacto de socios).

Como otras visiones más de por qué si se quiere tener una oportunidad hay que apostar por ello con todo tu tiempo,

  • Desarrollar un buen producto en horas libres, es complicado. Los competidores tienen muchos recursos, se dedican a ello… y lo que tú tardarías 5 meses en implementar, ellos lo tienen en unas semanas. ¿Cómo vas a competir con ello?
  • Reuniones, eventos, estudiar la competencia, analizar el rumbo… no sólo es la técnica. Tiempo, tiempo, tiempo… y mucho en horario laboral.
  • Estar centrado es muy importante. Por mucha disciplina que adquieras y seas constante, entre tu trabajo, tu familia… es muy probable que lo acabes dejando de lado.
  • Si necesitas inversión, por descontado que tendrás que tirar con recursos propios y las FFF (aunque sea para que te paguen las facturas que tú no puedes pagar). Pero de forma muy posible, te haga falta más, y no convencerás a ningún inversor si todo tu equipo (y tú el primero) no está volcado. (También doy fe personal)

Otras opiniones acerca de todo esto, François Derbaix, Fernando Encinar, Jesús Encinar, Rodolfo Carpintier. Y, por supuesto, muchas más opiniones que buscando un poco por la red o leyendo blogs de empresarios / inversores / emprendedores se pueden encontrar.

Tiempo de reflexión

23 de Diciembre. Finaliza el año y toca hacer recuento de todo lo aprendido, revisar los errores cometidos y tomar nota de ellos, ver los puntos positivos y basar en ellos el optimismo. Me parece increíble las cosas que he ido aprendiendo sobre la marcha, muchas de ellas fruto de equivocaciones. Y es que va a resultar verdad el dicho de “se aprende más del fracaso que de las victorias“.

Hoy recibía un boletín informativo, enviado por una empresa de coaching empresarial (nuevo palabro que también he aprendido este año) conocida hará unos meses, en un encuentro de empresarios. El texto estaba interesante, planteando preguntas como ¿Qué has aprendido por no alcanzar tus objetivos? ó ¿Está tu proyecto donde habías planificado?

Entre lo aprendido, infinidad de detalles, de conceptos, de pautas… que iré comentando en otros post… :P En cuanto a la segunda pregunta, los proyectos no se han dado mal, pero no se han cumplido las previsiones, así que hay mucho que analizar y que seguir mejorando. En estos días, tiempo para reflexionar. :P